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Si no se hace cargo de la pobreza, la pobreza se hará cargo de usted

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Si no se hace cargo de la pobreza, la pobreza se hará cargo de usted

¿Qué hace usted haciéndola de mecánico si lo suyo siempre ha sido la fotografía?

¿Qué hace usted en una oficina trabajando ocho horas diarias, haciendo algo que no le gusta, cuando lo suyo es cantar?

¿Qué hace usted haciendo limpieza cuando su sueño siempre ha sido tener una empresa dedicada al maquillaje?

Una señora de más o menos 35 años respondía casi con resignación: “La necesidad me obliga.”
¿Qué se le hace?, pregunta un señor mexicano para luego sentenciar: “Así es la vida.”

Señores, la necesidad no obliga a nadie. En el peor de los casos, la necesidad puede obligarnos un día, una semana, un mes, un año…pero no toda una vida.

Usted tiene que dedicarse a lo que le gusta. Tiene que seguir su vocación, “es que lo mío no da dinero”, dijo alguien. ¿Quién dice que su pasión no puede dar dinero? ¿Quién dice que su sueño no puede hacerle rico? ¿Cómo lo sabe si nunca lo ha intentado? ¿Cómo lo sabe si cuando empezó tiró la toalla a los dos meses?

Lo que hemos encontrado es que las personas que quieren salir adelante hacen lo que haga falta hacer. Sacan tiempo de donde lo tienen. Se las ingenian y consiguen los recursos que se requiera. Demoran, empiezan abajo, tropiezan, se caen, se levantan… pero LO HACEN. Su lema personal es: “Empiezo como sea, pero de que lo hago lo hago.”

Es más, hemos encontrado que cuando las personas de verdad quieren dinero, de verdad lo consiguen. Y cuando requieren hacerse tiempo para algo de su interés, de verdad se lo hacen.

La prueba más reciente viene de Bolivia. Tiempo atrás los medios anunciaron que un artista se presentaría tal fecha y que las entradas a su concierto costarían equis cantidad de dinero. Algunos dijeron: “que carísimas.” “Cuestan un ojo de la cara.” “¡Pero qué cosa! ¿quién va a ir?” A menos de una semana los mismos medios anunciaron que las entradas a dicho concierto se habían agotado. En la misma página de dicho diario una noticia llama la atención: “Joven vende moto para comprar entrada al concierto.”

La conclusión es evidente: “Cuando quieres algo encuentras un medio, cuando no quieres encuentras una excusa.” Esa conclusión aplica a la situación de miles de personas que se quejan porque ganan pequeñeces, pero no hacen nada para cambiar.

Se quejan porque los explotan, pero no hacen nada para liberarse.
Se quejan porque les falta tiempo, pero no quieren robarle unas horas a su sueño.

Quieren salir de pobres, pero no quieren prepararse. No quieren pasar por ningún proceso. Quieren todo fácil. No quieren leer. No quieren ir a alguna capacitación. Todo les parece “aburrido.” Ponen pretextos tontos: “es que no tengo dinero.” Para invertir en la mente no necesitas dinero. Abrir el panorama mental es una cuestión de actitud.

Pongamos un ejemplo:

En pleno siglo XXI la persona que quiere transformarse convierte su celular en una herramienta de cambio. Entra a YouTube, ve una conferencia, luego otra. Y esa la diferencia: El celular en manos de un pobre es un gasto. Es un instrumento para el mero pasatiempo. En cambio, el celular en manos de un ganador es una escuela.

Señores, una de las más grandes tragedias de la vida es “hacer lo que no te gusta y ganar lo que no te alcanza.” Es momento de vivir nuestros sueños, no nuestras pesadillas.

Los ganadores no necesitamos aumentos, no necesitamos vacaciones, no necesitamos viáticos, no necesitamos aguinaldos; solo necesitamos seguir nuestro sueño. He ahí la felicidad, he ahí la libertad. Piense en lo que ha dicho un gran escritor: “Lo que más nos hace falta es lo que más nos negamos darle al mundo.”

Usted le está negando al mundo escuchar su voz, y eso le hace infeliz.

Usted le está negando al mundo conocer su producto, y eso a usted le hace pobre.

Usted le está negando al mundo conocer a un titán, y eso es justamente lo que le mantiene atado.

La llave de su candado no la tiene el gobierno o su jefe, la tiene usted. ¡Son decisiones, más nada!

Fuente: Carlos Lancot

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